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Colgar las botas y luego, ¿qué?

Desde que el mítico PELÉ cambiara la pelota de fútbol por la cartera de ejecutivo, mucho ha llovido. O Rei, aunque millonario, y como podría pensarse a primera vista, no tenía su vida solucionada. Fuera de los estadios, y dada su juventud, tenía una larga vida por delante. No aceptó el vacío profesional y al abandonar la práctica futbolística, el astro brasileño se rodeó de un sólido equipo de abogados y economistas y logró crear  un gran emporio empresarial. PELÉ sí supo hacer la transición del fútbol a la empresa. Desde entonces, muchos otros ex futbolistas también lo consiguieron, pero otros tantos también perdieron todas sus ganancias y se arruinaron.

Cuando hemos conocido la noticia de que IKER CASILLAS, el legendario portero de la roja, se retira del fútbol profesional, como también lo hizo recientemente otra brillante figura del balompié español, ARITZ ADURIZ, o como año tras año cuelgan las botas tantos y tantos anónimos jugadores de categorías menos alumbradas por el foco de la fama y que no firman autógrafos, nos surge una pregunta: ¿Qué harán ahora? Para los afectados no es una pregunta más, sino que es la pregunta, la gran pregunta de sus nuevas vidas. Durante la plenitud de su carrera, el futbolista no piensa en el día después, pero debiera hacerlo porque su vida deportiva es corta y debe asegurar su futuro y el de su familia. Por eso, necesita estar preparado para ese momento.

Saltar del fútbol a otra vida profesional es todo un reto sembrado de dificultades y contratiempos. El futbolista debe reorientar su profesión, adecuarse a un nuevo entorno, mantener su patrimonio y, a ser posible, mejorarlo. Puede superar los obstáculos con cierta facilidad si se preparó durante su carrera deportiva. Por ejemplo, si logró compatibilizar la práctica del fútbol con una formación académica, sea universitaria o no, que le permita ejercer una profesión. O si acertó en la creación y desarrollo de proyectos empresariales o en la inversión en negocios, expuestas ambas actividades al riesgo propio del tráfico mercantil.

Algunos futbolistas lograron realizar estudios mientras eran profesionales del balón; en cambio, otros tuvieron que abandonar sus tareas académicas debido, entre otras cosas, a la exigencia de una competición que con entrenamientos, viajes y concentraciones, deja poco tiempo para el estudio. Sería muy conveniente para el mundo del fútbol y para la sociedad, en general, articular un sistema de formación adaptado a los deportistas para facilitar la conciliación del estudio y del deporte. A ello debieran contribuir los clubes, las Universidades y las Administraciones públicas.

Quizás resultan más numerosos los jugadores de fútbol que, mientras ejercen su profesión, deciden invertir parte de las ganancias obtenidas a lo largo de su trayectoria deportiva. Pero la inversión requiere de conocimientos sobre el sector económico o financiero en el que se invierte. Resulta, pues, crucial elegir en qué se invierte y, asimismo, gestionar adecuadamente la inversión. Y de no poseer los conocimientos y la experiencia suficientes, debe disponerse del asesoramiento o acompañamiento de especialistas o expertos en la materia.

Ser futbolista es una profesión. El fútbol es una forma de vida, un medio de ganarse la vida. Pero cuando termina nunca es tarde para comenzar de nuevo porque hay tiempo para todo. ¿Cómo saltar del fútbol a la empresa? la fórmula de BEST MATCH para que los futbolistas o deportistas retirados eviten el vacío profesional.

Fuente gráfica: Diario Marca. https://amp.marca.com/futbol/mundial/historia/2018/06/12/5b203dc146163f48988b45ba.html

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