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Donde habita el olvido

“Cuando fui campeón tuve muchas amistades. Después… Debieron enseñarme a guardar algo, a tener una educación” (Antonio Ruiz, boxeador; campeón de Europa de peso Pluma en 1925).

Antonio nació en 1904 en Tarancón (Cuenca) en el seno de una familia humilde. Debutó como boxeador en 1922 en Barcelona, tras intentar ser torero, la pasión de su vida (llegó a ser corneado por un toro en Talavera de la Reina), y después de haber trabajado como soldador en un taller de la ciudad condal.  En la historia del boxeo español fue el primer púgil con título europeo. Apodado el emperador de Vallecas, conoció durante más de una década las mieles del éxito, de la fama y del alto nivel de vida, facilitado por pingües ingresos monetarios. Rodeado de una corte de admiradores, aduladores, en suma, aprovechados, su noctámbulo y frenético ritmo de vida resultaba incompatible con la exigencia y el rigor de la competición. Pronto comenzaron los sinsabores de la derrota dentro del ring, ante rivales más en forma, y fuera del cuadrilátero, a cargo de los golpes de la vida, intensamente más duros que los que propinaban los contrincantes.

Fuente fotográfica: Web 8onzas.com. Antonio Ruiz. El emperador de Vallecas.

Tras lo efímero de la gloria, llegaron la decadencia deportiva y la ruina económica. Para sobrevivir, tuvo que realizar trabajos esporádicos en establecimientos comerciales y en locales de diversión. Terminó como un mendigo durmiendo al raso sobre bancos de la calle. Un periodista apellidado Navarro lo encontró en esa situación y publicó en el diario Pueblo un reportaje-entrevista  sobre Antonio Ruiz, quien entonces manifestó las palabras que encabezan estas líneas. Una semana después fue encontrado medio muerto. Llevado a un hospital, se certificaría su KO por inanición en el último asalto de su vida un 25 de noviembre de 1957. Tenía 53 años. Bajo el sencillo pero llamativo título Antonio Ruiz, el maestro de periodistas, César González-Ruano, le dedicó una necrológica en cuyas líneas finales escribió: “Esta es, queridos niños, la historia de un hombrecito que divirtió a la gente, que se gastó el dinero y como no fue sensato y no ahorró, pues…”

Transcurren los años, incluso un siglo, y todavía conocemos dramáticas trayectorias de deportistas y ex deportistas que guardan semejanza con la trágica vida de Antonio Ruiz. Laureles triunfales, notoriedad pública, vida fácil. En suma, figuras del deporte que, preparadas únicamente para competir y, tras un esplendor fugaz sin apenas formación para digerir el éxito y la retirada, suelen ser arrinconadas traumáticamente en el ocaso del olvido.   

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