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El magisterio de un entrenador

Mucho de maestro tiene un entrenador de cualquier disciplina deportiva. Dirigir la preparación de deportistas, ya sean individuales o en equipo, exige disponer de excelentes cualidades magisteriales con que enseñar a los pupilos. Con paciencia y dedicación, el entrenador logra un mejor aprovechamiento del talento deportivo de aquellos, limando y puliendo sus defectos, especialmente, los mismos que padeció el propio entrenador cuando competía como deportista. Decía el mítico Helenio Herrera que «el futbolista nace, no se hace; que las cualidades esenciales se llevan dentro y se pueden despertar o perfeccionar, pero nunca crear».

Como los maestros deben repasar periódicamente los libros para refrescar sus conocimientos, si no quieren verse desbordados por los alumnos, también los entrenadores han de revisar sus tácticas y actualizarlas para no ser superados por la innovación en el deporte. A veces, la labor formativa de un entrenador traspasa la línea de lo puramente deportivo para adentrarse en el plano humano. Y es que un buen entrenador es el que sabe entrenar y dirigir. El legendario Ferenc Puskas consideraba errónea la opinión de quienes piensan que los que destacaron como buenos jugadores de fútbol serán después buenos entrenadores. Ser entrenador, decía, “es una profesión muy difícil, mucho más difícil que la de futbolista, por una razón muy sencilla: no es lo mismo mandar que obedecer”. De la misma opinión era el ya citado Helenio Herrera para quien el oficio de entrenar era una de las profesiones más duras del mundo.

El verdadero entrenador no es un mero trabajador del deporte. Entrenar es algo más que una profesión; es una vocación. Como la del maestro. En ambas, uno da lo mejor que tiene ofreciéndoselo a los demás. Muchos adultos recuerdan con agrado a los maestros que dejaron huella en su niñez por el magistral ejemplo que les proporcionaron. También muchos deportistas al finalizar su carrera mantienen vivo el recuerdo de su entrenador, no solo por las sabias enseñanzas deportivas, también por las valiosas enseñanzas vitales que les impartió. Entrenar, es sin duda, una aventura apasionante.

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