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«No se puede ser buen futbolista sin ser una buena persona»

«En el club hay una línea de actuación para compaginar la actividad futbolística con la académica», señala Manolo Sánchez Murias |

Emilio González dirige el Área de Desarrollo de la Escuela de Mareo, que combina la formación humana y deportiva con proyectos dentro y fuera del campo.

Entre el balón y los libros, mientras palpita en ellos el sueño de alcanzar El Molinón, crecen en la Escuela de Fútbol de Mareo los jóvenes del Sporting. La formación a nivel deportivo y humano se entrelaza en la cantera dirigida por Manolo Sánchez Murias con una estructura destinada a desarrollar esa labor de aprendizaje dentro y fuera del terreno de juego.

«No se puede ser buen futbolista sin ser una buena persona porque no vas a ser buen compañero. Si no eres buen compañero no te van a querer en el vestuario y así no se va a ningún lado», afirma Emilio González (Candás, 1985), responsable del Área de Enfoque y Desarrollo Personal de la Escuela de Fútbol de Mareo. Psicólogo y entrenador, mano derecha de Sergio Sánchez a las riendas del primer juvenil sportinguista, en su tercera temporada en la cantera rojiblanca ha recogido el testigo de Efrén Díaz para impulsar desde su cargo una serie de actividades con el balón como hilo conductor de una educación transversal.

«La formación futbolística es importante, pero la académica también y no hay que desatender esa otra parte», expone, por su parte, Manolo Sánchez Murias, que como máximo responsable de la cantera de la entidad gijonés está al tanto de un área que desde el plano psicológico trata de enriquecer el crecimiento de los jóvenes de Mareo.

De vuelta a Asturias, Emilio, que ya había ejercido como entrenador durante su etapa universitaria en Madrid, dejó su empleo como arquitecto para volcarse en su trayectoria como técnico en el equipo juvenil de su colegio, La Asunción, mientras estudiaba psicología en la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia). Ahora, con una década de experiencia en el fútbol formativo, aboceta los planes para quienes encarnan el futuro del club.

En consenso con Manolo Sánchez Murias, tras la batería de ideas inicial, desarrolló un proyecto que descansa sobre tres pilares: la escuela de capitanes, el programa en valores con los jugadores y los padres y el entrenamiento mensual que los juveniles completan con los alevines. «Les inculcamos que ocupen su tiempo libre», señala el técnico rojiblanco.

Dentro del programa en valores, Emilio González, Emi para todos en Mareo, se reunió con los jugadores y les preguntó cuáles creían que necesitaba un equipo campeón. Humildad, respeto y sacrificio fueron algunas de las respuestas más repetidas. Tras una evaluación conjunta, los que reciben una puntuación más baja son fomentados en colaboración con sus familias. «Hay que involucrar a los padres y hacerles entender que este club es de todos», proclama el candasín, que intenta que los canteranos sportinguistas adquieran esos atributos llevándolos a la práctica con actividades que permitan a los más jóvenes empaparse de esos términos que «conocen, pero quizás no sepan del todo lo que significan».

«A la humildad se llega a través del análisis y la autocrítica», explica. Por ello, durante un tiempo le pidió a sus jugadores que le enviasen un análisis de su actuación en los partidos, indicando lo que consideraban qué habían hecho bien y en qué se habían equivocado.

Con el afán de forjar jugadores con carácter y garra, desde el Área de Desarrollo y Enfoque Personal se ha puesto en marcha la Escuela de Capitanes. «Estamos formando líderes», señala Emilio, que le da dinamismo a ese proceso con la lectura conjunta de un libro que glosa la importancia de esa figura. En dos reuniones sondeó con las promesas sportinguistas los rasgos que necesita reunir un capitán y le transmitió los conceptos más compartidos en esa imberbe asamblea al excancerbero Juan Pablo, que la pasada semana fue a Mareo para protagonizar una distendida charla con la treintena de jóvenes jerarcas de los vestuarios de Mareo. Desde los juveniles, con un brazalete rotatorio entre cinco promesas de la plantilla, hasta los benjamines, primer peldaño de la escalera formativa en la entidad. Un trampolín del talento conectado entre sus partes más separadas por edad en las categorías inferiores.

Convivencia generacional

Para reforzar esos vínculos, el club promueve un entrenamiento mensual en el que los juveniles se fusionan con los alevines. Los mayores se integran totalmente en la dinámica de trabajo durante una jornada de fútbol que concluye con una charla en la que los más pequeños preguntan todas sus curiosidades a los integrantes que rozan la cúspide de la pirámide formativa sportinguista, que de esa forma van adquiriendo el hábito de hablar en público.

«Los juveniles tienen que ver que tienen una responsabilidad, son el Sporting. Los chavales ya les conocer», expone Emilio, que subraya la importancia del ámbito académico. «Los estudios para nosotros son fundamentales, porque además de prepararte te organizan, te dan un patrón de vida y una rutina», argumenta. «Se trata de hacer un seguimiento, se les piden las notas. Si alguien que iba bien se tuerce o parece que va a dejar los estudios, se aborda el tema de forma más individualizada. En algunos casos, el año pasado el club puso a disposición de los chicos un tutor», indica Manolo Sánchez Murias.

Con el libro blanco de Mareo como referencia, una guía que establece varias pautas dentro de la filosofía de cantera del club, en el Área de Desarrollo se contribuye a que los jóvenes desarrollen varios hábitos saludables como una buena alimentación o respetar las horas de descanso. «En las reuniones encauzo, pero no impongo. Intento ser un hermano mayor más que un padre», sostiene Emilio, que con ese talante cercano logró que fuesen los propios canteranos quienes estableciesen un toque de queda conjunto la víspera de los partidos ante la tentación de regatearle horas al sueño con la videoconsola.

Manolo Sánchez Murias, que en los primeros años de su dilatada trayectoria futbolística se licenció en Ciencias Químicas, asegura que en el club «hay una línea de actuación para compaginar la actividad futbolística con la académica». En el vestuario del Sporting B conviven varios universitarios. El lateral Pablo García, con la vocación por la enseñanza dentro de su familia, estudia Magisterio, Villalón es un proyecto de ingeniero de tecnologías industriales y su socio en el eje de la zaga Pelayo Suárez está en el tercer curso de la carrera de Administración y Dirección de Empresas. La misma que eligió Gragera, que al igual que su compañero de generación en la medular, Javi Mecerreyes, combina su aprendizaje en Mareo con sus apuntes de Diseño Digital.

Con buenas notas avanza Gaspar en sus estudios de Ingeniería Informática. Javi Cobo inició en su Cantabria natal la carrera de INEF y Bogdan también sigue la estela de otros jóvenes como Nacho Méndez y Pablo Pérez. Los dos centrocampistas, ya asentados en la primera plantilla, siguen entre los matriculados de la Escuela Politécnica de Gijón: «Hay un ramillete de jugadores que no pierden ese horizonte de seguir formándose, que son universitarios y lo compaginan con su crecimiento en el fútbol. Ese es el camino que deben seguir y el mensaje que se inculca desde el club», concluye Manolo Sánchez Murias.

Fuente: Diario El Comercio. Iván Alvárez. Viernes, 27 diciembre 2019.

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